Entrevista al Escritor Gustavo Sierra Fernández



J. M. Angora: ¿Estás escribiendo un nuevo manuscrito actualmente? Y ¿qué nos podrías contar al respecto?

Gustavo Sierra Fernández: Actualmente, no. Pero mientras buscaba la publicación de Billy… tuve tiempo de escribir dos más, a modo de spin off del primero, y el tercero del segundo. Ambas usan una historia de amor para hacer una cierta crítica social.


J. M. A.: ¿El escritor nace o se hace?

G. S. F.: Es difícil decirlo, como con cualquier tipo de artista. Pienso que el escritor se hace, leyendo y escribiendo mucho, porque tiene que ejercitar su herramienta principal: el cerebro, que básicamente es lógica e imaginación a la vez. Ciertamente hay gente con mayor facilidad para la palabra y hacer despertar sensaciones con ella, pero si no lo ejercita se pierde, como cualquier facultad.



J. M. A.: Podemos ver que el manuscrito "Billy (algo es algo)"es del género policíaco y también suspense. ¿Te gustaría probar con otros géneros o no?

G. S. F.: Claro: no estoy cerrado a un único género. De hecho, lo primero que intenté emular fue la fantasía de Tolkien y el horror de Lovecraft, aunque francamente fracasara en el intento.



J. M. A.: Respecto a la pregunta anterior, ¿cuál fue tu fuente de inspiración para crearlo?

G. S. F.: Se me ocurrió un día, cuando mi compañera buscaba ideas para un proyecto de novela policíaca: que uno de los personajes investigadores fuera un policía franquista, un torturador. El protagonista está inspirado en aquellos policías que perseguían “delitos ideológicos” (de acuerdo con la terminología de la época): la portada, el título y el nombre del protagonista es una indirecta clarísima, pero, aunque dicha persona ha sido la principal fuente de inspiración, que nadie se llame a engaño: mi personaje es una inspiración, no una persona real. Lo único real en él es lo que hacía, tomado de los testimonios de las víctimas de aquellos policías.



J. M. A.: ¿Te tuviste que documentar sobre la época del franquismo?

G. S. F.: Sí y no. Yo había realizado mi tesis doctoral, El nacimiento de una cultura de la resistencia a través de la canción social, que trataba, esencialmente, de la importancia que tuvieron los cantautores de los años 60 y 70 en la configuración de un pensamiento crítico. Me leí, para ello, un libro: Zonas de libertad, de Sergio Rodríguez Tejada (doctor y profesor de Historia): en algunas partes describía las torturas que los opositores sufrieron en las comisarías de Valencia. Luego, también tengo muchos amigos que vivieron esa época, a parte de las historias familiares, que todo el mundo tiene. De manera que, a la hora de escribir, ya venía con la mayor parte de la documentación a cuestas.



J. M. A.: ¿Cuánto tiempo tardaste en escribirlo?

G. S. F.: Siempre me da vergüenza reconocerlo, porque puede dar la sensación de estar ante un libro hecho con ligereza: una semana, aproximadamente. Lo cierto es que se encadenaban muy bien las escenas y los capítulos: no tuve bloqueos y hubo muy pocas pausas. Fue porque ya lo había imaginado antes de ponerme a ello.

Eso sí: fue sometido a numerosas revisiones, aunque, como suele decirse, nunca son suficientes, y, a pesar de haberlo cerrado ya con su registro y su publicación, siempre te das cuenta de alguna cosa, o piensas que hubiera estado bien meter un elemento que no se te ocurrió entonces.



J. M. A.: ¿Qué escribiste la primera vez?

G. S. F.: Lo primero que escribí, hacia los 15 años, fue una especie de novela de miedo y misterio. Por entonces leía mucho Lovecraft y traté de seguir sus pasos, pero el resultado fue un revoltijo de cosas. Me siento orgulloso de haberlo hecho, pero ya no tanto del resultado. Quién sabe si lo rescataré alguna vez, porque, aunque destruí el manuscrito, aún me acuerdo de lo principal.



J. M. A.: Cuando te viene la inspiración y no estás redactando en ese momento ¿lo anotas en algún sitio? o ¿intentas recordarlo?

G. S. F.: En este sentido he sido muy anárquico hasta la fecha. Generalmente lo recordaba luego a la hora de ponerme a escribir, o comparto la idea para que luego me la recuerden. Sin embargo, desde hace un tiempo vengo anotando ideas para que no se esfumen.



J. M. A.: ¿Hay alguna parte del libro que te costase trabajo redactar porque no sabías cómo continuar con la historia? Y ¿cómo te vino la inspiración?

G. S. F.: En cierto sentido: quería que el final fuese desconcertante y que fuera el lector quien eligiera cómo había acabado la historia, pero para ello me molestaba un cierto pasaje. Entonces pensé en una escena de Los Simpson, cuando Homer trata de recordar cómo fue su noche de borrachera… Sin ánimo de parecer pretencioso, hay que leer el libro para saber cómo lo solucioné, ya que es una de las sorpresas que guarda.



J. M. A.: Sabemos que los manuscritos de un escritor suelen ser para él cómo un hijo. Pero… ¿hay algún personaje que te guste más que el resto? Y ¿por qué?

G. S. F.: Desde luego, Marisa: la esposa del inspector Guillermo Niño. Es una señora muy católica que empieza a descubrir lo que su marido hizo en el pasado, y ello entra en conflicto con su sensibilidad cristiana; junto a eso, comienza a reflexionar sobre la relación marital que han tenido durante esos años y a ponerlo todo en duda. Marisa no irá a las concentraciones del 8 de Marzo, sin duda, pero comienza un proceso de concienciación muy interesante. No obstante rivaliza mucho con el comisario Cabezas, que es la antítesis en muchos aspectos de Guillermo, y está inspirado en el actor Agustín González.



J. M. A.: ¿Tienes en mente el título del libro desde el principio? o ¿surge cuando terminas de escribir la historia?

G. S. F.: La elección del título, en este caso, fue muy ardua. El título de prueba no valía porque era un spoiler de manual, a pesar de tener la reminiscencia de western que andaba buscando. Incapaz de elegir un título adecuado, me decanté por Billy (“algo es algo”), cuyo sentido (a parte de lo que pongo arriba, que no es lo único) descubre el lector al leerlo.

En los otros dos manuscritos sí fue al contrario: «Voy a escribir una novela que se llame (…) y va a tratar de (…)»


J. M. A.: ¿Cómo es tu experiencia con una editorial? Y ¿lo recomendarías?

G. S. F.: Para ser mi primera experiencia, no está nada mal. La edición, la maquetación y el diseño de portada, contraportada e interior (sello de identidad de Indie) me han encantado.

Indie es muy buena editorial, como digo: hace unas ediciones muy cuidadas. No obstante, la labor de promoción corre básicamente de tu cuenta. En mi caso, soy un culo inquieto y no me duele tocar todas las puertas necesarias hasta que me cojan asco: hay que reconocer que el escritor novel o poco conocido lo tiene muy crudo para moverse solo.



J. M. A.: Mientras redactabas… ¿te has emocionado o reído al meterte en la piel del personaje? Quien lo lea, ¿puede tener algún sentimiento de los mencionados?

G. S. F.: ¿A quién no le ha pasado? Hay como dos o tres momentos que al escribirlos me pusieron la piel de gallina: cuando los testigos cuentan las torturas que sufrieron por parte de Guillermo, por ejemplo; cuando describo la muerte de Gabriel Aceituno y lo que siente mi protagonista a continuación; y cuando tiene su epifanía fascista en la iglesia, también es un momento a tener en cuenta. Éstos son los que puedo decir.

Y, eso espero, que a la gente se le erice la piel al leerlos, o se le escape una lágrima al leer los monólogos internos de Marisa, etc.



J. M. A.: De todas las fases por las que pasa un libro (corrección ortográfica, portada, maquetación, publicidad,…) antes de que esté a la venta ¿cuál te resulta más complicada?

G. S. F.: Aquí solo podría hablar de la labor que he hecho yo. Sin duda, la maquetación y la portada son procesos muy complejos: de hecho, desecharon algunas ideas porque las fotografías que les proporcioné estaban sujetas a derechos, y/ o eran muy pequeñas.
La autocorrección es muy complicada: el escritor no llega a ver todos sus fallos (ceguera del escritor), porque incluso la frase más farragosa y carente de sentido que haya podido escribir tiene pleno significado en su cabeza, ya que sabe lo que quiere decir. Siempre conviene tener a alguien, cuantos más, mejor, para que te ayuden a revisarlo y te hagan ver cosas que a ti se te escapan.

Pero, sin duda, el gran escollo al que tiene que hacer frente un escritor novel es el de la publicidad y la promoción. Hoy en día se lleva un poco el concepto algo neoliberal de háztelo tú mismo; yo, que pertenezco a la tradición más anarquista, prefiero el concepto de toma tu tierra: es decir, tomar lo que debería corresponderte, ese pedazo de tierra que está muerto porque nadie lo trabaja ni dejan que se trabaje. En ese sentido, la promoción que uno mismo se hace, aunque no le hagan el más mínimo caso en ciertos medios, más empeñados en hablarnos de las entrañables trastadas de gente que cobra por vender su imagen, es con la que uno se siente más cómodo, aunque a veces echa de menos ese empujoncito que alguien influyente puede darte.

Sin duda, muchas veces nos encontramos como predicando en el desierto, llamando a seres invisibles cuya indiferencia o falta de tiempo nos hace verlos casi como dioses indolentes a nuestras necesidades. Desde fuera, puede que parezcamos un poco arrogantes, prepotentes o engreídos, pero la realidad es que solo pedimos ese pedazo de tierra que nos pertenece y que se nos respeten nuestros derechos como creadores.

Mientras buscaba un hogar para Billy…, una RR. PP de una editorial grande me llegó a decir (seguro que os suena) que lo que ellos pretendían era que nos quitáramos «el sombrero de escritor» y nos pusiéramos el de vendedor; después me envió la famosa tabla de precios y servicios, como si te hicieran un libro a tu medida; no importa su calidad: mientras pagues la tarifa Best-Seller, según rezaba la tabla, te cubrirían edición de lujo y cobertura de medios (o eso prometían). A veces parecía como si no valoraran el trabajo que tiene escribir un libro, revisarlo y buscarle una editorial que te ofrezca unas condiciones aceptables (a la vez que buscas trabajo, razón por la cual no puedes permitirte ni la tarifa Best-Seller ni cualquier otra): desde luego, pienso que es un desprecio a nuestra actividad. Al menos yo, no soy de los que se quedan quieto, y no me asusta eso de “mandar por mandar” mi dossier de prensa a los medios, mi tarjeta de invitación al evento o cualquier cosa: tampoco es que se diferencie mucho de enviar un CV a una oferta de trabajo, y el resultado es muy similar; y es por eso que impera la misma norma: me da igual si mi envío causó la estruendosa carcajada del mediocre de turno, si fue recibido con un gesto de desprecio o con una expresión tal como “¿quién se habrá creído que es?”: la cuestión es “¿qué tengo que perder?”, “¿y si esta vez sí?” y “¡oye!, nunca se sabe”. Egos a parte, sencillamente creo que tengo algo que contar, algo que aportar. No es que quiera pertenecer al panteón de escritores españoles, pero sí quiero la parte que me pertenece, la tierra que voy a labrar porque es mía. Y, a fin de cuentas, puede que aún no sea nadie ni que, en último término, aspire a serlo, pero tampoco vengo de la nada.



J. M. A.: ¿Qué les dirías a los lectores que todavía no conocen "Billy (algo es algo)"?

G. S. F.: Si lo que están buscando es un libro que no se rige por las normas de mercado, que esté fuera de las modas, que enseña algo de historia e invita a investigar, que tiene el regusto clásico de la enseñanza moral y del castigo kármico, que te sorprende a cada página, que te hace decir “¿y ahora qué?”,  Billy… es, sin duda, el libro que están buscando.



J. M. A.: Si quieres comentar algo que no te haya preguntado, puedes exponerlo a continuación:

G. S. F.: Hay un público muy especial al que me gustaría que mi libro llegase: el de las personas que pasaron por los policías reales, que fueron torturadas por ellos, física o psicológicamente. Obreros, estudiantes, sindicalistas…, que no habían hecho daño a nadie, que siguen fieles a sus ideas, que a sus 60 ó 70 años ahí siguen, frente al cañón. Creo que en Billy… podrán encontrar ese «algo es algo» del subtítulo (que, curiosamente, esgrimió un internauta en forma de comentario en la web de una escritora sobre el tema de estos policías y de lo que no tuve noticia hasta hace poco) que nos promete la literatura, cuando la justicia o no es real o está enmarañada por tecnicismos jurídicos y entramados hechos adrede. Confío en que no vean la novela como algo aprovechado, sino todo lo contrario: algo que se ha hecho por y para ellos, una denuncia de su incomprensible situación. Parafraseando a mi alter ego de la novela: confío en que sea la justicia de los hombres, y solo ésa, la que caiga sobre ellos.




Agradecemos la entrevista que nos ha concedido el Escritor Gustavo Sierra Fernández. Desde J. M. Angora le deseamos que tenga mucho éxito con sus futuras publicaciones y que los lectores se animen a leer sus libros.

¡¡¡Gracias por la entrevista!!!





Síguelo en:

Sus libros:
  • Billy (algo es algo).




Ver entrevista del Escritor Gustavo Sierra Fernández.









¡No te pierdas el lunes el top 5 de las novelas más vendidas!



- J. M. Angora; Blog literario - 

Apostando por la cultura

Comentarios